Ana Díaz Marcos
Ernestina González
Un pulso antifranquista
El libro en Ediciones Espuela de Plata
Ana Mª Díaz Marcos
Las bibliotecarias Ernestina y María Luisa González Rodríguez
Las bibliotecarias Ernestina y María Luisa González Rodríguez: Medina de Pomar-Nueva York-Moscú-Madrid.
Ana María Díaz-Marcos
Catedrática de Literatura española, Universidad de Connecticut
La vida de Ernestina y María Luisa, dos bibliotecarias de Medina de Pomar (Burgos) nacidas en 1896 y 1900 fue un periplo épico marcado por la tragedia, la conciencia social y la voluntad política. Las hermanas eran inseparables, crecieron muy unidas al quedarse huérfanas siendo muy jóvenes y pertenecen al grupo de las primeras universitarias españolas. Ambas se graduaron en Filosofía y Letras, Ernestina en la Universidad Central de Madrid y María Luisa en la de Salamanca. Compartieron cuarto en la madrileña Residencia de Señoritas y prepararon las oposiciones al Cuerpo de Archivos y Bibliotecas. Allí formaban parte de una singular pandilla de amigos entre los que se cuentan Luis Buñuel, Federico García Lorca, Salvador Dalí y José Moreno Villa.
Ernestina se fue a Estados Unidos en 1926 para trabajar como lectora de español y echó raíces allí. Se casó con el ingeniero de minas neoyorquino Leo Fleischman y se mudaron a España en 1933. En Madrid se reunieron con María Luisa y su esposo Juan Vicéns -también bibliotecario- y todos ellos fueron ardientes defensores de la II República. Ambas parejas aspiraban a lograr una mayor justicia social. Vicéns y María Luisa compraron al poco de casarse un molino de harina en Cifuentes (Guadalajara) con la intención de montar una empresa que no tuvo mucho éxito porque “como teníamos unas ideas avanzadas, bastantes socialistas, les subimos a todos los salarios de tal forma que perdimos todo el dinero”. La afinidad con la izquierda caracterizaba a los dos cuñados que debieron congeniar de inmediato, ambos habían viajado, tenían dinero, cultura y una conciencia de la desigualdad que los acercó al comunismo. Los cuatro tomaron partido ante el proceso revolucionario de octubre de 1934. Varias cartas escritas por Vicéns ilustran su simpatía por los sublevados asturianos y documentan el esfuerzo de las dos parejas por hacer llegar a Francia información sobre lo que estaba sucediendo en Asturias y sobre la dura represión del gobierno. Así lo muestra el “Relato de un soldado que estaba en Asturias haciendo el servicio durante los sucesos” que Vicéns le hizo llegar al pintor Hernando Viñes con objeto de que lo distribuyera y publicara en París:
Fusilaron a ochenta revolucionarios sin juicio alguno. Abrieron una fosa en el patio, entre los fusilados, que eran todos jóvenes, había muchachos y muchachas. Los llamaban de tres en tres, ellos acudían animosos, como a una orden militar. En el momento de llegar ante la fosa, levantaban el puño, gritaban “Viva la Revolución” y caían fusilados. Inmediatamente eran enterrados en la fosa en el mismo patio.
El golpe militar de 1936 encontró a María Luisa con los niños de vacaciones en Becedas (Ávila) mientras su marido, hermana y cuñado permanecían en Madrid. Muy pronto iba a cambiarles la vida: ese verano asesinaron a su amigo Lorca y en octubre Leo Fleischman se convirtió en el primer voluntario norteamericano muerto en defensa de la República española. Un sabotaje provocó una explosión en la fábrica de armas donde trabajaba bajo la dirección de Faustino Cordón. Tras esa muerte trágica María Luisa animó a Ernestina a que se fuera a vivir con su suegra a Nueva York para dedicarse a la propaganda y allí la viuda emprendió una batalla antifranquista que iba a durar casi veinte años. Llenó teatros en Manhattan, dio infinidad de discursos, escribió artículos en la prensa en español, particularmente en semanarios como Pueblos Hispanos y Liberación y dirigió un programa de radio titulado “La Voz de España Combatiente”. El FBI siguió sus pasos durante dos décadas.
El exilio separó también al matrimonio Vicéns González, pues María Luisa se instaló en Moscú con sus hijos mientras que su marido se quedó ayudando a los refugiados en Francia hasta poco antes de la entrada de los nazis en París. Un telón de acero separaría luego a las dos hermanas que la diáspora había llevado a ciudades tan distantes como Moscú y Nueva York. Durante muchos años el FBI vigiló a Ernestina en Manhattan y revisó cuidadosamente el correo que le enviaba desde México su cuñado y desde Moscú su hermana. María Luisa vivió un largo y peligroso viaje cargado de dificultades para llegar a la Unión Soviética. Sus comienzos fueron muy duros, pero no la arredraban ni el frío ni las circunstancias. Décadas más tarde le contó a la nieta de su mentor, Salomé Unamuno, que en esos primeros años en Rusia se había visto obligada a robar carbón por la noche para poder mantener el albergue caliente para los jóvenes que estaban a su cargo. Su hijo Manuel Vicéns relató en una entrevista que María Luisa creó la cátedra de español en la Escuela Diplomática de la Unión Soviética y se dedicó a la docencia más de veinte años, inaugurando también una cátedra de Literatura española en la Universidad de Moscú. El matrimonio Vicéns González se reunió en la Unión Soviética en los años cincuenta para emprender juntos viaje a China donde trabajaron en las emisiones en español de Radio Pekín. Allí falleció Juan Vicéns de un infarto en 1958. Ernestina volvió a España y murió en 1976. Con la llegada de la democracia la benjamina de la familia González Rodríguez se mudó definitivamente a la capital española. Vivió hasta los noventa y ocho años y su longevidad le permitió ser testigo de excepción de la transición a la democracia y de eventos históricos como la legalización del Partido Comunista y la victoria en las urnas del partido socialista en 1982.
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La biografía “Ernestina González, un pulso antifranquista” publicada por Renacimiento ya está en librerías.
«María Luisa González junto a sus hijos Juan y Manuel Vicéns en una casa del gobierno» (Moscú, 1937). Archivo Vicéns, imagen cortesía de la Residencia de Estudiantes.
María Luisa, que formó parte de la emigración política a la URSS, era hermana de Ernestina, ambas bibliotecarias, nacidas en Medina de Pomar, Burgos.
Ana María Díaz Marcos (Gijón, 1968). Es catedrática de Literatura Española en la Universidad de Connecticut. Su investigación se centra en el teatro español, el feminismo histórico y los estudios de género. Ha publicado las monografías La edad de seda: representaciones de la moda en la literatura española y Salirse del tiesto: escritoras españolas, feminismo y emancipación. Es la editora de la antología teatral Escenarios de crisis: dramaturgas españolas en el nuevo milenio. También ha sido comisaria de varias exhibiciones de Humanidades Digitales centradas en el periódico republicano La Voz (1937-1939) y en su «Página de la mujer».
Instagram: @anadiazmarcos
La autora, Ana Díaz Marcos, consignando una dedicatoria al secretario de nuestra Asociacion, Luis Fernández Préstamo, durante la presentación del libro en Gijón. Marzo de 2026.
Leo Fleischman, tres bibliotecarios y la revolución de octubre del 34
Artículo de Ana Díaz en El País (18 oct 2024) sobre la familia de Mª Luisa González en el contexto revolucionario.
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