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Pablo Miaja, maestro de maestros

Alegoría en homenaje a los enseñantes del exilio

de Pablo Fernández-Miranda

Pablo Miaja, maestro de maestros

Alegoría en homenaje a los enseñantes del exilio

Pablo Fernández-Miranda

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Con pasos cansinos, mensajeros de su edad, el anciano se dirigió hacía la verja de hierro en la que posó sus nervudas manos. Las cristaleras del ventanal le proyectaban su propio reflejo.

Que mayor se sentía. No tanto por sus arrugas ni por su blanca barba; hacía muchos años que convivía con ella y ya era entrecana cuando aun dirigía la Colonia Escolar de Salinas en los edificios cuyos vidrios, ahora, le devolvían su imagen. Miraba con nostalgia los pabellones a los que no podía entrar. Ni a esos ni a ningún otro centro de enseñanza. Su licencia de maestro se la habían retirado en 1941 ¡A él!, a quien llamaban “maestro de maestros”.

Pablo Miaja, sin el “don” con el que luego todo el mundo le distinguiría precediendo su nombre, nació en Oviedo −casi a la vez que el que Graham Bell patentaba el primer teléfono−, el 4 de marzo de 1876. Tres meses después de cumplir los dieciocho años ya era maestro nacional.

Trubia, de donde era originario su padre, fue precisamente su primer destino. Desde el principio su compromiso con la enseñanza estuvo vinculado a la corriente de lo que sería la Institución Libre de Enseñanza, que daba una gran importancia a aprender combinando juego y esfuerzo, a estudiar la naturaleza en excursiones con sus alumnos, al laicismo.

Al poco fue destinado a Vegadeo y fundó la Asociación de Maestros de Castropol, reproduciendo una figura que se estaba extendiendo por los concejos asturianos rápidamente y que estaba a mitad de camino entre sindicato y entidad corporativa. Posteriormente se hizo cargo de las nuevas Escuelas del  Distrito cuarto de Oviedo. Ya para entonces un afamado pedagogo. Los enseñantes progresistas asturianos le reconocían como referencia. Son numerosos sus artículos en la prensa regional como el diario El Carbayón y en la Revista de Pedagogía de la Escuela Moderna.

La esencia de la corriente de enseñanza que practicaba era: “la Escuela a la Calle”, a fin de llegar a cuantos niños sin escolarizar se pudiera. Hay que tener en cuenta que, en aquel periodo anterior a la República, la mitad de los niños no lo estaban y el analfabetismo era de casi dos de tres en amplias zonas.

Formó parte del primer viaje de enseñantes a Europa en 1924 para conocer las escuelas pedagógicas de Francia, Bélgica y Suiza, de la que dejó constancia en la “Revista de Pedagogía”: “Una visita a les maisons des petits

Otro de los ejes a transmitir era la solidaridad. Entre sus alumnos y los padres de estos se fomenta la creación de cajas de apoyo para los necesitados. Esas ayudas llegan incluso lejos de las fronteras españolas. En 1932 una gran hambruna asoló Ucrania; Miaja impulsó una campaña que posibilitó el envío de una importante cantidad de dinero a aquella zona. Paradójicamente, catorce años después, los que en el treinta y dos eran niños ucranianos, contribuyeron a ayudar a los niños españoles evacuados a la URSS a cuyo cargo iba precisamente Pablo Miaja.

En 1924 fue Concejal Corporativo del Ayuntamiento de Oviedo en representación del magisterio, aunque unos meses después presentó su dimisión puesto que no se aceptaban sus propuestas y se negó a hacer el paripé cobrando la “sopa boba”.

Ya en 1927 la Junta de Colonias Escolares de la Universidad de Oviedo le nombra director de la de Salinas. Desde ese mismo año, hasta 1936, tras cada curso se organizaban cuatro turnos estivales, dos de niños y dos de niñas provenientes tanto de Oviedo, como de la cuenca minera de Asturias y de León. Al frente de ellos siempre estaban don Pablo y doña Enriqueta, su mujer, pieza clave en el desarrollo de la vida en la Colonia, especialmente en los turnos de las niñas como figura femenina de referencia, desempeñando una combinación del papel de empatía y autoridad que las niñas recordarían con cariño.

Precisamente durante uno de esos turnos, iniciado el 16 de julio de 1936, se produce la sublevación franquista que triunfa en Oviedo. El resto de Asturias sigue siendo fiel a la República. Lo que iba a ser para los colonos una quincena, se prorroga durante catorce meses. A muchos de los niños los van recogiendo sus familias; pero los que no tenían parientes fuera del cerco de Oviedo siguieron en la Colonia. Los que fueron saliendo iban siendo sustituidos por niños huérfanos de milicianos hasta el punto que pasó a formar parte de los orfanatos mineros.

Durante ese periodo él y su mujer, doña Enriqueta, así como toda la plantilla de maestros y cuidadores, desempeñan un papel trascendente protegiendo a los niños y gestionando lo necesario para su manutención en un momento tan complicado para la simple supervivencia.

Finalmente, en la madrugada del 22 al 23 de septiembre, tras ser trasladados a Gijón, salen desde el puerto del Musel con destino a Leningrado junto con otros grupos de orfanatos mineros y milicianos. En total son unos 1.100 niños. Al frente de toda la expedición va don Pablo que asume esa responsabilidad ante la Junta de Defensa de Asturias y León ayudado por más de dos centenares  de enseñantes y cuidadores. La mayor parte de estos se quedaron junto a los niños y tuvieron un papel determinante tanto en su educación y cultura españolas, como en que conservaran el castellano como lengua principal entre ellos.

El viaje fue enormemente complejo. Estuvieron a punto de ser cañoneados por el crucero del la armada franquista “Almirante Cervera”. Tuvieron que hacer varias singladuras haciendo escala en Saint Nazaire, luego en Londres. La responsabilidad  para acometer esa humanitaria labor por parte de todo el equipo y la capacidad organizativa del director hizo posible llevarlos a buen puerto.

Al llegar a Leningrado la acogida fue impresionante. Los niños, incluyendo a los de otras expediciones, sobre todo del País Vasco, llegaron a ser cerca de tres mil y fueron destinados a catorce casas de varias repúblicas –hubo más, pero posteriormente−. La mayoría estaban ubicadas en Rusia y Ucrania. Para los críos, más que internados fueron auténticos hogares a los que siempre se refirieron como sus “Casas” –Dietsky Dom: Casas de Niños− y los enseñantes pasaron a ser, además, sus familias, supliendo hasta donde era posible, a los padres y madres ausentes. Miaja fue destinado a la Casa de Pravda, no ya como director, puesto que para los cargos de directores el Narkomprós (ministerio de educación), designaba a soviéticos.

En parte por las escasas atribuciones profesionales, tras tantos años siendo considerado “maestro de maestros”, en parte porque su formación humanística no encajaba en ese sistema educativo, no debió sentirse cómodo y comenzó a mover hilos para salir de Rusia. Aunque no era sencillo conseguir permiso para salir de la URSS, la ascendencia de Miaja y la ayuda de su pariente, el general José Miaja uno de los baluartes del Ejército Republicano en España, de quien era primo hermano, le posibilitó salir a finales de 1938 con destino a Argentina, donde residieron en la ciudad de San Juan en la que vivía un hijo de doña Enriqueta.

A la Argentina llegó cumplidos 62 años de edad. Aunque contaron con la ayuda del hijo de doña Enriqueta, no se acomodaba a no tener trabajo. Ya acabada la guerra, escribe a su primo, el general Miaja, exiliado en Méjico, una carta que rezuma pesadumbre, “Aquí estamos, aguardando no sé que, una amnistía o lo que sea. Si hubiera encontrado a donde colocarme en mi profesión de buena gana renunciaría a volver a ese avispero. Pero sin ocupación y siempre pensando sobre los demás, no es perspectiva que halague”

Entre esa aflicción y el gran terremoto que sufrió la ciudad de San Juan aguanta solo un par de años más antes de decidirse a retornar a España. Desembarcó por el puerto de Bilbao el 15 de enero de 1947. Al llegar, solicitó la  jubilación intentando vivir su vejez con tranquilidad en su Oviedo natal.

Sin embargo la Comisión Depuradora de Responsabilidades Políticas le haría la vida imposible en todo lo que pudieron. A él, cuya única responsabilidad fue educar y cuidar de los niños. La Comisión Central escribe a la de Asturias, solicitando su expediente y esta, mezquina y vengativa, contesta que fue expedientado en 1941 y dictaminan en el expediente: “Afiliado al marxismo. Director de un grupo escolar, se fue a Rusia con los niños de las colonias escolares. Bienes gananciales valorados en 20.079 pesetas. Declarado insolvente, sancionado con 10.000 pesetas de multa por Responsabilidades Políticas.

Sin embargo sus antiguos alumnos no le olvidan. Continuamente recibe visitas de personas de distintas tendencias, el poeta Ángel González, Manolo Avello, Alfonso Iglesias, dibujante y creador de los personajes de las viñetas más conocidas y perdurables de la prensa Asturiana: “Pinón y Telva”. Esas muestras de cariño junto con doña Enriqueta, es que le mantenía vivo.

Todo esos retazos de su vida rememoraba, en escasos minutos, don Pablo, apoyado en las rejas perimetrales de la finca de la Colonia de Salinas. Sentía que le iban quedando pocas fuerzas y quiso hacer una última escapada a  aquel sitio donde veranearon disfrutando del mar y, jugando y aprendiendo tantas niñas y niños de las diez campañas que dirigió y que sobre todo cambio para siempre su vida y la de los grupos de aquella “quincena” de 1936 que acabó durando largos años.

Una última mirada a través de las cristaleras. Le parecía ver sentados en los pupitres a sus niños. Se giró lentamente con la sonrisa del deber cumplido de una vida plena dedicada a lo que él quiso: la infancia.

Pocas semanas después, el 14 de febrero de 1957 falleció en Oviedo.

Sus antiguos alumnos no lo olvidaron y, muchas décadas después, tras años de reivindicación, ya en 2009, la memoria histórica de los ciudadanos ovetenses logró que al colegio fundado por él en 1934 le pusieron su nombre y así se denomina ahora: Pablo Miaja.

Hoy, sus doscientos y pico alumnos son originarios, en generación materna-paterna, de veintidós naciones…. También los hay de Rusia y Ucrania. Don Pablo estaría feliz si levantara la cabeza.

En la actualidad hay un proyecto en marcha –de la Universidad de Oviedo, de la que depende− para levantar un nuevo edificio en la Colonia de Salinas. El deseo de muchos de nosotros es que sirva de recuerdo del maestro de maestros.

 

Pablo Fernández-Miranda

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